Artículo de Manu Ramos
Hablar es gratis, al menos hasta ahora. Muchos han querido,
si no cobrar, multar por decir ciertas cosas. Se ha llegado a quitar la vida
(el precio más caro) por expresar ciertas ideas en público. Por eso hay que
valorar mucho la libertad de expresión en la sociedad que hoy machaca los
teclados sin verse coartada por nadie. No obstante, la coerción no viene de
forma física. No se ejerce una violencia material contra las personas que
transmiten determinados pensamientos contrarios al poder. La coerción es
intelectual. Esa idea que nace en un simple blog se ve ahogada por un mar de
palabras insignificantes, iguales, superficiales. La profundidad de esa idea se
ve cubierta por la superficialidad de esa capa inmensa de palabras vacías,
huecas de significado que, por su poco peso, flotan y cubren el mar del
lenguaje.
Ludwig
Wittgenstein, filósofo autríaco, expresó en su libro Tractatus logico-philosophicus que los
límites del lenguaje son los límites del pensamiento. La comunicación, la
posterior elaboración del discurso y los límites del conocimiento son conceptos
fundamentales del pensamiento filosófico del pasado siglo XX. Aún hoy. La forma
en que nos comunicamos y, sin entrar en detalles, la forma en que podemos
llegar a comprender y retener el significado de las palabras, es lo que nos
determina para pensar. Por tanto, el uso que le demos al lenguaje es crucial
para el pensamiento humano e incluso para manejarnos en el trajín de la vida
diaria. El lenguaje hablado, aunque no se detenga en estas cuestiones de
filosofía, también hace uso de formas del lenguaje que nos determina. Y lo
hacemos inconscientemente.
Pero este uso diario e inconsciente no siempre es fruto de
la espontaneidad del habla, también se introducen expresiones y giros que luego
son repetidas por el resto de la sociedad. Baste que cierta persona de
influencia adopte una expresión o incorpore cierta forma de hablar para que
miles y millones de personas la repitan de forma irreflexiva e inmediata. Por
eso son influyentes. Si bien es cierto que internet difunde “memes” (unidad mínima de
transmisión cultural, según Richard
Dawkins) de forma rápida y contagiosa, también se cambia mucho y a un meme se sigue otro casi sin solución de
continuidad. Internet es un canal muy rápido pero está por ver cómo se
fosilizan los conceptos culturales transmitidos por este medio. Un concepto
cultural no puede crearse en un twitt aunque la tendencia del uso de, por
ejemplo, redes de mensajería instantánea puede generar modos culturales que se
concreten en formas de vida colectiva.
Pensado en expresiones que han sido pilares de esta
partidocracia en que vivimos, desde 1978, entiendo que con dos televisiones y
los medios de comunicación escritos en el mismo bando, era muy fácil no sólo
controlar los mensajes oficiales del Estado sino las manifestaciones culturales
y sociales que se producían desde cualquier tribuna pública. El uso de
internet, cada vez más intenso desde comienzos del siglo XXI, ha resquebrajado
un poco este control de la expresión pública y ya es más fácil, como decía al
principio, expresarse de forma pública con pocos medios. El Demócrata Liberal es un ejemplo de cómo unos cuantos ciudadanos
libres se asocian para alzar su voz por una causa común: la democracia y la
libertad. Y todo ello sin recibir dinero del estado español o de otro estado
extranjero como pueda ser, por ejemplo, Alemania (Helmut Schmidt) o Venezuela (Hugo
Chávez).
Incluso con la libertad civil de que dispongamos hoy,
heredamos las palabras-cárcel en las que confinaron la libertad política los
herederos del franquismo. Los que luchamos porque en España haya algún día
democracia tenemos que ganar la primera batalla en nuestro propio pensamiento.
Las palabras huecas, superficiales, no dejan ver el fondo, el significado que
hay en ese mar del lenguaje. Y encima, una vez llegado al fondo, como ese mar
es opaco en la superficie por las dichosas palabras huecas, no dejan pasar la luz
e iluminar a través del líquido limpio de un uso correcto del habla y de la
lengua, lo que hay en la base de nuestro pensamiento, que es la base de nuestro
lenguaje, como decía Wittgenstein.
Con este breve artículo quiero anunciar el comienzo de una serie
de reflexiones que me quiero permitir hacer en este hueco de libre expresión
que me ofrecen los amigos de El
Demócrata Liberal. En él quiero enumerar y analizar las expresiones
socialdemócratas que inundan la vida política y lamentablemente también civil,
para ocultar el significado profundo de las palabras, para que sigamos creyendo
que no hay más allá de nuestras narices y que confiemos en los que nos ha
venido dado.
Les invito a que, en próximos artículos, profundicemos en
esas palabras y expresiones para que sepamos cuáles son los cimientos de
nuestra libertad, cimientos que comienzan por aprender a usar bien el lenguaje.
Una reflexión muy necesaria que pienso seguir de cerca. Muchas gracias Manu!
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